La tengo barata, oíga
Hace unos días dieron a conocer en el noticiario de la tarde la historia de un hombre que había vendido su vida en eBay. Tienes algo en casa que no ya no usas, subástalo en Internet; seguro que encuentras alguien interesado en comprarlo. En efecto, aquel hombre, en su afán por comenzar una nueva etapa, pudo así deshacerse de todo lo que tenía: su trabajo, su coche, su vivienda, sus tierras y comenzar de nuevo.
Para una suicida potencial como una servidora, sería una fantástica idea poder subastar la propia vida y poder así homenajearse con un buen crucero o cualquier otro capricho antes de lo inevitable... Sin embargo, en honor a la verdad, quién carajo me iba a comprar la vida a mí. Sólo imagínense ese anuncio por palabras:
Vendo vida semi-nueva, taitantos años, incluye vivienda hipotecada y arrendada a inquilino moroso, automóvil de tercera mano, trabajo eventual de media jornada recién estrenado, teléfono móvil de contrato con compromiso de permanencia vigente y deuda hipotecaria pendiente hasta el año 2012 debida a un cierre de negocio que salió mal.
En fin, que creo que lo mejor será seguir sopesando las posibilidades para, llegado el día, tener previsto el medio de transporte y la ruta que usaré para decir adiós a mi mundo cruel. Y es que por experiencia sé que los viajes, aún más los largos, hay que prepararlos con tiempo, ya que si dejas los preparativos para última hora, al final acabas olvidándote en casa alguna cosa de vital importancia, como la cámara de foto o la billetera... Y a ver cómo puñetas iba a pagar yo el peaje de la autopista hacia cielo en esas circunstancias.

